Stefan Zweig

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Stefan Zweig /ʃ’tɛfan tsvaɪk/ (Viena, Austria; 28 de noviembre de 1881 – Petrópolis, Brasil; 22 de febrero de 1942) fue un escritor, biógrafo y activista social austríaco de la primera mitad del siglo XX, sin parentesco con el escritor Arnold Zweig ni tampoco con la escritora alemana Stefanie Zweig (nacida en 1932).

Sus obras estuvieron entre las primeras que protestaron contra la intervención de Alemania en la segunda guerra mundial y fue muy popular entre 1920 y 1930. Escribió novelas, relatos y biografías. De estas últimas, son particularmente conocidas las deMaría Estuardo y la de Fouché, una obra mitad biografía y mitad novela histórica muy interesante sobre un personaje que nadie ha podido definir mejor ni antes ni después. Otra de sus biografías, la dedicada a María Antonieta, fue adaptada al cine enHollywood. Tras su suicidio en 1942, su obra fue perdiendo fama progresivamente.

Biografía

Zweig fue hijo de una familia judía acomodada. Su padre, Moritz Zweig, fue un acaudalado fabricante textil, y su madre, Ida Brettauer Zweig, hija de una familia de banqueros italianos.

Estudió en la Universidad de Viena en la que obtuvo el título de doctor en filosofía. También realizó cursos sobre historia de laliteratura, que le permitieron codearse con la vanguardia cultural vienesa de la época. En ese ambiente, hacia 1901, publicó sus primeros poemas, una colección titulada Silberne Saiten (Cuerdas de plata), influenciada por Hugo von Hofmannsthal y Rainer Maria Rilke

En 1904 apareció su primera novela, género de especial frecuencia en su carrera.

Zweig desarrolló un estilo literario muy particular, que aunaba una cuidadosa construcción psicológica con una brillante técnica narrativa.

Además de sus propias creaciones en teatro, periodismo y ensayo, Zweig trabajó en traducciones de autores como Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Émile Verhaeren.

Panorámica de la calle Stefan Zweig, Kapuzinerberg, Salzburgo,Austria.
En 1910 visitó la India y en 1912, Norteamérica. En 1913 se estableció en Salzburgo, Austria, donde habría de vivir durante casi veinte años.

Durante la Primera Guerra Mundial, y luego de haber servido en el ejército austríaco por algún tiempo como empleado de la Oficina de Guerra, pues había sido declarado como no apto para el combate, se exilió a Zúrich gracias a sus convicciones antibelicistas influenciadas por Romain Rolland, entre otros.

De este período es Jeremías, obra antibélica que escribió mientras estaba en el ejército, publicada durante su exilio en Suiza. Esta pieza teatral bíblica inspirada en la guerra europea fue exhibida en Nueva York hacia 1939.

De inmediato se radicó en Suiza, donde trabajó como corresponsal para la prensa libre vienesa y produjo algunos trabajos en diarioshúngaros. Gracias a sus amistades, entre las que estaban Eugen Relgis, Hermann Hesse y Pierre-Jean Jouve, pudo publicar sus visiones apartidistas sobre la turbulenta realidad europea de aquellos días.

Conoció a Thomas Mann y a Max Reinhardt.

La solvencia económica de su familia le permitió su gran pasión: viajar; así adquirió la gran consciencia de tolerancia que ha quedado plasmada en sus obras, las primeras en protestar en contra de la intervención de Alemania en la guerra.

Después del armisticio de 1918 pudo retornar a Austria: volvió a Salzburgo, donde en 1920 se casó con Friderike Maria Burger von Winternitz, una admiradora de su obra, a quien había conocido ocho años antes.

Como intelectual comprometido, Zweig se enfrentó con vehemencia contra las doctrinas nacionalistas y el espíritu revanchista de la época. De todo eso escribió en una larga serie de novelas y dramas, en lo que fue el período más productivo de su vida. El relato histórico Momentos estelares de la humanidad, que publicó en 1927 se mantiene entre sus libros más exitosos.

En 1928, Zweig viajó a la Unión Soviética. Dos años después visitó a Albert Einstein en su exilio en Princeton. Zweig cultivaría la amistad de personalidades como Máximo Gorki, Rainer Maria Rilke, Auguste Rodin, Arturo Toscanini y Joseph Roth.

En 1934, publicó su triple biografía Mental Healers, a la vez un ensayo sobre los orígenes de la Ciencia Cristiana (religión espiritualista fundada por Mary Baker Eddy) y el psicoanálisis.

Tras el aumento de la influencia nacional socialista en Austria, Zweig se trasladó un tiempo a Londres; ya por entonces se vio en dificultades para publicar en Alemania, pese a lo cual pudo escribir el libreto para Die schweigsame Frau, ópera del compositor Richard Strauss.

Definido como «no ario», fue defendido por Strauss, quien se negó a eliminar el nombre de Zweig como libretista del cartel de la obra Die Schweigsame Frau (La mujer silenciosa), estrenado en Dresde. Hitler rehusó ir al estreno, como estaba planeado, y poco tiempo después, tras sólo tres representaciones, la obra fue prohibida.

La religión judía no fue parte de su educación. En una entrevista sostuvo:

Mi madre y mi padre eran judíos solo por un accidente de nacimiento.

Sin embargo, una de sus novelas, El candelabro enterrado, narra la historia de un judío que hizo del objetivo de su vida el preservar la menorá.

Si bien sus ensayos en política fueron publicados por la casa Neue Freie Presse, cuyo editor literario era el líder sionista Theodor Herzl, Zweig nunca se sintió atraído por ese movimiento.

En 1934, inició viajes por Sudamérica. En 1936, sus libros fueron prohibidos en Alemania por el régimen nazi. En 1938, se divorció de su primera esposa. Como Friderike Zweig, publicó un libro sobre él, luego de su deceso.

Al año siguiente se casó con Charlotte Elisabeth Altmann y, tras el inicio de la guerra, Zweig se trasladó a París. Poco después, viajó aInglaterra, en donde obtuvo la ciudadanía. Vivió en Bath y Londres antes de viajar a los Estados Unidos, República Dominicana, Argentina, y Paraguay, con motivo de un ciclo de conferencias.

En Argentina, recibió especial atención del periodista Bernardo Verbitsky, quien escribirá un ensayo acerca del visitante: Significación de Stefan Zweig (1942).

Después de la publicación de su Novela de ajedrez en 1941 se mudó a Brasil, donde escribió La tierra del futuro (1941). En esta obra, examina la historia, economía y cultura del país. Citando a Américo Vespucio, describe cómo los primeros navegantes europeos vieron al Nuevo Mundo:

Si el paraíso existe en algún lado del planeta, ¡no podría estar muy lejos de aquí!.
En Petrópolis, desesperados ante el futuro de Europa y su cultura (después de la caída de Singapur), pues creían en verdad que el nazismo se extendería a todo el planeta, el 22 de febrero de 1942, él y su esposa se suicidaron. Se habían despedido de amigos, y dejaron sus cosas en orden (hasta una nota sobre su perro, confiado a sus amigos). Zweig había escrito:

«Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra».
Con honras, pero en contra de sus deseos, fueron sepultados en el Cementerio de Petrópolis. Su autobiografía El mundo de ayer, con publicación póstuma hacia 1944, es un panegírico a la cultura europea que consideraba para siempre perdida.

Obra

Trabajó durante más de veinte años en su “Momentos estelares de la humanidad” que retrata los 14 acontecimientos de la historia mundial más importantes desde su punto de vista.

Concedía particular importancia al ritmo del relato; en sus propias palabras:

…el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Solo un libro que se mantiene siempre, página tras página, sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles que les quitan tensión y les restan dinamismo.
Si bien fue uno de los más conocidos y reputados escritores entre 1930 y 1940, desde su muerte y a pesar de la importancia de su obra, ha sido gradualmente olvidado.

Existen importantes colecciones de Zweig en la Biblioteca Británica y en la Universidad Estatal de Nueva York en Fredonia. La primera es el resultado de una donación de sus apoderados en mayo de 1986 e incluye una gran variedad de elementos de sorprendente rareza, entre ellos el catálogo de las obras mozartianas de propio puño y letra del compositor (Verzeichnis).

Zweig escribió novelas, historias cortas, ensayos (políticos o literarios), dramas y varias biografías, de las cuales la más famosa es la de María Estuardo. Fue publicada en alemán como Maria Stuart y en inglés como (The) Queen of Scots or Mary, Queen of Scotland and the Isles.

En algún momento, sus trabajos fueron publicados en los países anglosajones bajo el seudónimo de “Stephen Branch” (traducción literal de su apellido), en tiempos donde el sentimiento antigermánico estaba en su apogeo. Su biografía de la reina María Antonieta fue luego adaptada a una película de Hollywood protagonizada por la actriz de la Metro Goldwyn Mayer, Norma Shearer, en el papel principal.

Sus escritos también inspiraron la realización de la película El Gran Hotel Budapest, dirigida por Wes Anderson y estrenada en el año 2014.

Cabe destacar su especial aportación al estudio de Dostoievski, al que admiraba profundamente hasta considerarlo como uno de los más grandes escritores de la historia.

Títulos publicados

Teatro

Thersite, 1907
Les Guirlandes précoces, 1907
Jeremias, 1916
La casa al borde del mar, 1911

Poemas

(Silberne Saiten) Cuerdas de plata, 1901
(Die frühen Kränze) Las primeras coronas, 1906

Ficción

Ardiente secreto
Caleidoscopio, conjunto de relatos breves.
La estrella bajo el bosque, 1903
Los prodigios de la vida, 1903
En la nieve, 1904
El amor de Erika Ewald, 1904
La marcha, 1904
La cruz
Leporella
Amok o el loco de Malasia, 1922
Los ojos del hermano eterno, 1922
La confusión de los sentimientos, 1926
Carta de una desconocida, 1927
Buchmendel, 1929
Veinticuatro horas en la vida de una mujer, 1929
La piedad peligrosa 1939
Novela de ajedrez, 1941 (Schachnovelle), su novela más famosa, sobre la neurosis obsesiva que un hombre desarrolla por el ajedrez durante su cautiverio en manos de la Gestapo.

Biografías

Émile Verhaeren, 1910
Fouché, el genio tenebroso, 1929
La curación por el Espíritu, 1931 (en alemán: Heilung durch den Geist, 1931; en inglés, Mental Healers). Es un corto trabajo en el que relaciona, y a la vez trata en forma individual, las biografías de Franz Mesmer, hipnotista del siglo XVIII, Mary Baker Eddy, fundadora de la Ciencia Cristiana, y Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.
Americo Vespucio. La historia de un error histórico, 1931
María Antonieta, 1932
María Estuardo, 1934
Erasmo de Rotterdam, 1934
Conquistador de los mares: la historia de Magallanes, 1938
Romain Rolland: el hombre y su obra, 1921
Paul Verlaine
Balzac: La novela de una vida, 1920, publicado en forma individual o incluido en el libro en tres partes Tres Maestros: Balzac, Dickens, Dostoievski.
Castellio contra Calvino, Conciencia contra Violencia
Confusión: The Private Papers of Privy Councillor R. Von D
Momentos estelares de la humanidad (1927)
La lucha contra el demonio, Hölderlin, Kleist, Nietzsche
Montaigne, libro póstumo inconcluso previo al suicidio.
Tres poetas de su vida: Casanova, Stendhal, Tolstoi
Autobiografía[editar]
El mundo de ayer, publicado tras su muerte.
No ficción[editar]
Brasil: Un país de futuro
Momentos estelares de la humanidad

Los últimos días de Stefan Zweig

 

 

  • Zweig emigró a Inglaterra, EEUU y finalmente a Brasil para buscar un refugio espiritual que nunca encontró
  • En su último mensaje, expresó la esperanza de un nuevo amanecer tras el ocaso de la barbarie nazi
Por: EDUARDO SUÁREZ
 .

El suicidio del escritor austriaco fue el fruto de un proceso de desarraigo que se inició con su huida de Austria en 1934 y se perpetuó con una existencia errante que le llevó a Londres, Bath y Nueva York. El profesor George Prochnik cuenta ahora esos últimos días en el libro ‘The Impossible Exile’ (Other, 2014), que desvela muchos detalles sobre las tribulaciones del matrimonio Zweig.

Hace unos días Prochnik fue el protagonista de una velada en el sótano de una librería neoyorquina. A media luz y en torno a unas botellas de vino austriaco, los escritores Anka Muhlstein, André Aciman y Katie Kitamura diseccionaron el libro y evocaron el eterno retorno de Stefan Zweig.

Aciman comparó al escritor austriaco con Italo Svevo y Alberto Moravia y dijo que siempre le había parecido “un autor francés que escribía en alemán”. Muhlstein apuntó que sus novelas habían envejecido mejor que sus biografías. Kitamura subrayó “su incapacidad patológica para tomar partido” contra Hitler en aquellos tiempos oscuros y dijo que encontraba “enternecedora” su indecisión.

“Su habilidad para comprender el sufrimiento de las personas era formidable”, explica a EL MUNDO el profesor Prochnik. “Por eso sorprende que pusiera a su mujer en una situación así. Lotte no sólo transcribía sus textos. Hacía sugerencias que los mejoraban. El informe del forense explica que ella se suicidó unas horas después de su esposo y eso abre muchos interrogantes sobre lo que ocurrió”.

Zweig había nacido en una familia de judíos vieneses en noviembre de 1881 y se había formado entre Berlín y París. Amigo de Sigmund Freud y Richard Strauss, sentía debilidad por los corazones solitarios, coleccionaba partituras manuscritas de sus músicos favoritos y siempre sintió un enorme miedo a envejecer.

El exilio de Zweig coincidió con el final de su primer matrimonio, que concluyó abruptamente cuando su primera mujer le sorprendió con su joven secretaria Lotte en un hotel de la Costa Azul. Unos meses antes, el escritor había decidido abandonar su mansión de Salzburgo amedrentado por la presión de la aviación nazi, que arrojaba panfletos sobre la ciudad. Zweig donó algunos de sus libros a la Biblioteca Nacional Austriaca y partió rumbo a Londres con su segunda mujer.

El estallido de la II Guerra Mundial le llevó mudarse a una casa a las afueras de Bath. Allí se abandonó a la lectura y trabó amistad con su jardinero británico pero sufrió por el cielo plomizo y por la escasa vida social. “Me siento más aislado que en ningún otro lugar del mundo”, dijo a un amigo en 1939. “¿De verdad crees que los nazis no llegarán hasta aquí?”. Hitler nunca llegó a invadir el Reino Unido pero los aviones de la Luftwaffe destruyeron Bath en abril de 1942.

Para entonces Zweig y su segunda esposa Lotte se habían mudado a Nueva York. El escritor austriaco había descubierto la ciudad con apenas 30 años en 1911. Al llegar, había preguntado a un conserje perplejo por el paradero de la tumba del poeta Walt Whitman y había expresado sus impresiones sobre la metrópoli: lo mejor eran los helados y lo peor la manía de los espectadores de la ópera de alumbrar con linternas los libretos en mitad de la función.

Zweig no volvió a Nueva York hasta 1935 y lo hizo en medio de una fuerte polémica por su silencio sobre Hitler, a quien se resistía a criticar en público pese a los primeros indicios de su persecución. Muchos judíos le llamaban epicúreo y le reprochaban su decisión de seguir trabajando con el músico Richard Strauss, que durante un tiempo mantuvo buenas relaciones con el régimen alemán.

“Nunca hablaría contra Alemania”, dijo Zweig durante la rueda de prensa que se celebró en la sede de la editorial Viking. “El artista que cree en la justicia nunca puede fascinar a las masas ni darles eslóganes. El intelectual debe permanecer cerca de sus libros. Ningún intelectual ha estado preparado para lo que requiere el liderazgo popular”.

“Se negaba a llorar como si hubiera muerto”

Ninguno comprendió el drama del escritor mejor que el periodista neoyorquino Joseph Brainin, que escribió entonces: “Tenía la cara de un hombre desilusionado que intentaba agarrarse a la desesperada al espejismo de una Europa que ya no existía y que se negaba a llorar como si hubiera muerto”. Sus palabras reflejan muy bien los dilemas que sufría entonces Zweig, incapaz de aceptar el naufragio de su sueño europeísta, expulsado de la ciudad que había moldeado su carácter y humillado al ver cómo el nazismo se apropiaba del idioma alemán.

Su impresión de Nueva York empeoró durante su segunda visita. Central Park le parecía el patio arbolado de un castillo cuyas almenas eran las azoteas de los rascacielos y la actividad frenética de la ciudad le hacía extrañar aún más si cabe la cultura europea de la conversación. Pero ese descontento no evitó que Zweig emprendiera unos meses después una gira por varias ciudades de Estados Unidos y pronunciara una conferencia en el Carnegie Hall.

Su llegada en julio de 1940 fue muy diferente. Al fin y al cabo, el escritor y Lotte llegaban huyendo de la guerra y no sabían muy bien dónde querían vivir. Se alojaron provisionalmente en el hotel Wyndham. Pero cuatro días después Zweig hizo cola en el consulado británico buscando opciones para volver. No quedaba sitio en ningún avión durante meses y la presencia de los submarinos alemanes hacía imposible cruzar el Atlántico en una embarcación.

El escritor echaba de menos los cafés europeos y frecuentaba a menudo la biblioteca de la Quinta Avenida. “Zweig lo pasó muy mal en Nueva York”, explica a EL MUNDO el profesor Prochnik. “Se sentía acosado por los otros refugiados centroeuropeos, que no dejaban de llamarle para pedirle dinero”. Entre ellos se encontraba su amigo Klauss Mann, al que Zweig le pareció “un sonámbulo que escucha su nombre”. “No somos sino fantasmas o recuerdos”, le dijo entonces el escritor, que confesó que no sabía si merecía la pena seguir viviendo como una sombra en Nueva York.

Una angustia que lo paralizaba

En los días buenos se definía con sorna como “ex escritor y experto en visados”. En los días malos sufría lo que sus amigos llamaban el síndrome de la mujer de Lot: una angustia que lo paralizaba al contemplar la destrucción del continente al que había dedicado su obra y en cuya unión nunca dejó de creer.

Se podría decir que su despedida de Manhattan fue la fiesta que organizó en su hotel el 4 de junio de 1941. Entre los invitados estaban Hermann Broch, Klaus Mann y WH Auden y también su hermano Alfred, que se había instalado en un apartamento del Upper East Side.

Ni Zweig ni Lotte se encontraban a gusto y enseguida empezaron a buscar un refugio fuera de Manhattan. Se alojaron unos días en New Haven y sopesaron la posibilidad de mudarse a Princeton o a Harvard. Pero al final se instalaron en el suburbio anodino de Ossining, cuya estación de tren les permitía llegar a la ciudad en apenas una hora y cuyas calles ofrecían al escritor la tranquilidad necesaria para escribir ‘El mundo de ayer’.

El matrimonio se instaló en el número 7 de Ramapo Road con el único objetivo de concluir el libro, cuyo nombre fue cambiando a medida que avanzaba su redacción. Zweig pensó en titularlo ‘Europa fue mi vida, ‘Los años irrecuperables’ o ‘Nuestra generación’. Escribió 400 folios en unas semanas en una especie de trance que sólo abandonaba para comer y dormir.

Ossining nunca fue un hogar para el matrimonio, que evaluó la posibilidad de mudarse a Cuba y al final se decantó por poner rumbo a Brasil. Los Zweig embarcaron el 15 de agosto de 1941 y emplearon el viaje para aprender algunas nociones de portugués. Antes de partir, el escritor le entregó su máquina de escribir a su amigo Joachim Maas y le dijo: “Puedes quedártela como un regalo. Ya no la necesitaré más”.

No era la primera vez que Zweig viajaba a Brasil. El régimen de Getúlio Vargas lo había recibido con honores de Estado en 1936 y el escritor austriaco se había enamorado de los paisajes y de la diversidad racial. “Durante esta semana he sido Marlene Dietrich”, escribió entonces a un amigo sobre su recepción.

Esta vez nadie le esperaba en Río de Janeiro y enseguida empezó a buscar alojamiento fuera de la ciudad. Se decantó por una casa en la histórica villa de Petrópolis: una ciudad donde levantó su palacio de verano el emperador Pedro II y donde se instalaron cientos de alemanes atraídos por un clima fresco y por su cercanía a la gran ciudad.

La izquierda brasileña se ensañó con el ensayo ‘Brasil, país de futuro’, que desembarcó en las librerías unos meses después de la llegada de su autor. Muchos reprocharon a Zweig sus tópicos y su respaldo implícito a la dictadura de Vargas. Pero el libro vendió miles de ejemplares y el escritor austriaco escribió una carta subrayando su pasión por el país.

El refugio del matrimonio era una casa separada por 50 escalones de la Rua Gonçalves Dias que el ayuntamiento convertiría después en un museo con un enorme tablero en homenaje a su último libro ‘Novela de ajedrez’.

Al atardecer, Zweig daba largos paseos por la selva con su esposa y leía los ensayos de Montaigne, en cuyos márgenes hacía anotaciones sobre la mejor forma de conservar su libertad. Eligió su barbero y el café en el que leía la prensa todas las mañanas y montó en el porche un escritorio en el que empezó a revisar su libro sobre Balzac.

Encantado con su intensidad dramática

Sus amigos en Petrópolis eran un médico alemán, varios intelectuales franceses y la poetisa chilena Gabriela Mistral. El primer día de 1942, Zweig describió a un amigo su fascinación por ‘La Malquerida’ de Jacinto Benavente. Dijo que le había encantado su intensidad dramática y que era una obra ‘freudiana’ antes de Freud. “Lo que ocurre ahora será útil para la siguiente generación pero no para la nuestra o para aquellos que murieron y que quizá eran los más sabios”, escribía unas líneas más adelante. “Ellos han concluido su vida mientras nosotros caminamos como sombras de nosotros mismos”.

Zweig siguió releyendo clásicos como Tolstoi o Goethe y bajó con su esposa al carnaval de Río siete días antes de morir. Al día siguiente del jolgorio, varios amigos vieron su reacción al leer en un café de Río las noticias sobre los avances nazis en Asia y Oriente Próximo. “Europa se ha suicidado”, repetía una y otra vez.

Al volver a Petrópolis, Zweig donó sus libros a la biblioteca y envió sus manuscritos a varios a archivos fuera de Brasil. Su ‘fox terrier’ se lo regaló a su casera en una enigmática carta en la que explicaba: “Lo siento mucho pero hemos tomado otra decisión que seguir alquilando su bonita casa durante más tiempo”.

Zweig quemó los papeles que le quedaban en una hoguera en el jardín e invitó a cenar el sábado 21 de febrero a su amigo Ernst Feder, que escribió en su diario que el escritor y su esposa habían sido muy amables y que les habían dicho que no estaban durmiendo bien.

Dos días después, un criado encontró los cadáveres del matrimonio tendidos sobre su cama: Stefan con una corbata oscura perfectamente anudada y Lotte recostada sobre su esposo con un kimono y sin ropa interior. Sobre la mesilla unas monedas, una caja de cerillas y un vaso vacío. “Saludo a todos mis amigos”, escribió Zweig en su carta de despedida. “Ojalá puedan ver el amanecer después de esta larga noche. Yo, demasiado impaciente, me voy antes de aquí”.

Libros publicados por la Editorial Acantilado

Portada María Estuardo Stefan Zweig

María Estuardo

Traducción de Carlos Fortea

Portada María Antonieta Stefan Zweig

María Antonieta

Traducción de Carlos Fortea

Portada Confusión de sentimientos Stefan Zweig

Confusión de sentimientos

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada Novelas Stefan Zweig

Novelas

Portada Fouché Stefan Zweig

Fouché

Traducción de Carlos Fortea

Portada Correspondencia Stefan Zweig , Hermann Hesse

Correspondencia

Traducción de José Aníbal Campos

Portada Montaigne Stefan Zweig

Montaigne

Edición de Knut Beck

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada La curación por el espíritu Stefan Zweig

La curación por el espíritu

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada La mujer y el paisaje Stefan Zweig

La mujer y el paisaje

Traducción de Roberto Bravo de la Varga

Portada El candelabro enterrado Stefan Zweig

El candelabro enterrado

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada Tres maestros Stefan Zweig

Tres maestros

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada La impaciencia del corazón Stefan Zweig

La impaciencia del corazón

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada Noche fantástica Stefan Zweig

Noche fantástica

Traducción de Roberto Bravo de la Varga

Portada El legado de Europa Stefan Zweig

El legado de Europa

Traducción de Claudio Gancho

Portada Una historia crepuscular Stefan Zweig

Una historia crepuscular

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada Ardiente secreto Stefan Zweig

Ardiente secreto

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada Momentos estelares <br>de la humanidad Stefan Zweig

Momentos estelares
de la humanidad

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada Amok Stefan Zweig

Amok

Traducción de Joan Fontcuberta

Portada Castellio contra Calvino Stefan Zweig

Castellio contra Calvino

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada Las hermanas Stefan Zweig

Las hermanas

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada Los milagros de la vida Stefan Zweig

Los milagros de la vida

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada El mundo de ayer Stefan Zweig

El mundo de ayer

Traducción de Joan Fontcuberta
A. Orzeszek

Portada ¿Fue él? Stefan Zweig

¿Fue él?

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada La embriaguez de la metamorfosis Stefan Zweig

La embriaguez de la metamorfosis

Traducción de Adan Kovacsics

Portada La embriaguez de la metamorfosis Stefan Zweig

La embriaguez de la metamorfosis

Portada Viaje al pasado Stefan Zweig

Viaje al pasado

Traducción de Roberto Bravo de la Varga

Portada Mendel el de los libros Stefan Zweig

Mendel el de los libros

Traducción de Berta Vias Mahou

Portada Los ojos del hermano eterno Stefan Zweig

Los ojos del hermano eterno

Traducción de Joan Fontcuberta
A. Orzeszek

Portada Novela de ajedrez Stefan Zweig

Novela de ajedrez

Portada Carta de una desconocida Stefan Zweig

Carta de una desconocida

Traducción de Berta Conill

Portada Veinticuatro horas<br> en la vida de una mujer Stefan Zweig

Veinticuatro horas
en la vida de una mujer

Traducción de María Daniela Landa

Portada La lucha contra el demonio Stefan Zweig

La lucha contra el demonio

Traducción de Joaquín Verdaguer

Portada El amor de Erika Ewald Stefan Zweig

El amor de Erika Ewald

Traducción de Roberto Bravo de la Varga

Portada Novela de ajedrez Stefan Zweig

Novela de ajedrez

Traducción de Manuel Lobo

Portada Veinticuatro horas en la vida de una mujer Stefan Zweig

Veinticuatro horas en la vida de una mujer

Traducción de María Daniela Landa

Portada Ser amigo mío es funesto Joseph Roth , Stefan Zweig

Ser amigo mío es funesto

Edición de Madeleine Rietra

Traducción de Joan Fontcuberta
Eduardo Gil Bera

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Published by: Jesús Alberto Arbeláez Arce (Jalar)

Artista Plástico Nace en Medellín (Colombia) el 9 de Junio de 1960. De 1971 a 1978 estudia con los maestros Jorge Cárdenas y Marco Tulio Castaño. De 1980 a 1983 continúa sus estudios en el Instituto de Bellas Artes de la ciudad de Pereira. De 1984 a 1986 asiste al Taller del desnudo en el Museo de Antioquia. Ha participado en innumerables Salones de Arte y exposiciones colectivas y ha realizado 19 exposiciones individuales. Su obra con marcada tendencia surrealista se encuentra en: Museo Casa de la Convención, Rionegro. Administración Municipal de Rionegro. Concejo Municipal de Marinilla. Fundación Infancia para la Paz,INFAPAZ. Fundación Néstor Sanín Arbeláez. Asamblea Departamental de Antioquia...Además en diferentes colecciones privadas. Actualmente reside y tiene su estudio-galería en la ciudad de Marinilla, Colombia. *Celular: 311 647 68 27 E.mail: jalararte@hotmail.com POEMAS VISUALES Pintura natural al natural, es la obra de Jesús Alberto Arbeláez Arce , JALAR. Ajena a elucubraciones mentales y formales y también a la parafernalia y al brillo artificial de las tendencias de moda. Su trabajo pictórico es un poema visual, pletórico de vida, de luz y sobre todo de color. Gabriel Posada Aguirre Galerista y critico de arte

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